domingo, 21 de febrero de 2016

Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto IV: "Si no tienes útero, no opines"

Este es sin duda uno de los "argumentos" más frustrantes que un hombre pro-vida puede encontrarse cuando discute con personas que están a favor del aborto.


Como persona que cree firmemente en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, así como en el derecho a la libertad de expresión, me indigna que se pretenda restringir el derecho a opinar de otra persona en base a su sexo. En este caso, quien lo hace a menudo presupone que el aborto es una cuestión que sólo afecta a las mujeres y que un hombre, al no poder quedar embarazado, no debería tener derecho a opinar sobre la moralidad o la legalidad del aborto. Sin embargo, ¿es cierto que el aborto sólo afecta a las mujeres? Y si lo fuera, ¿sería eso un motivo razonable para negar a los demás su derecho a expresar su opinión?

El aborto no afecta sólo a las mujeres

En el artículo Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto: “Nadie te obliga a abortar” ya expliqué que el aborto afecta a los hombres de varias formas, siendo la peor de ellas el hecho de tener que ver cómo eliminan a sus hijos/hermanos/nietos/etc. y no poder hacer nada para evitarlo. Quizá un hombre no pueda experimentar un embarazo, un parto o un aborto de forma física pero sí a nivel emocional. Además, todo hombre (al igual que toda mujer) fue una vez un feto/embrión que pudo haber sido abortado.



Y aunque lo hiciese...

Deanna Young, en su artículo Should Men Shut Up About Abortion? deja muy claros los inconvenientes de esta línea de pensamiento. Para empezar, habría que tener en cuenta que muchas mujeres nunca han experimentado ni experimentarán jamás un embarazo no deseado (por ejemplo, por ser estériles) por lo que si echamos a los hombres del debate basándonos en que nunca podrán entender lo que siente una mujer en esta situación, estas mujeres también deberían quedar fuera de la ecuación.

En segundo lugar, habría que preguntarse si es cierto que el hecho de no tener conocimiento de primera mano de lo que otra persona está experimentando significa necesariamente que no se deberían poder hacer juicios morales sobre las acciones de esa persona. Ante esta cuestión, Young se remite al ejemplo utilizado por Josh Brahm en su artículo Dialogue Tip: Responding to “You’re a Man, You Can’t Get Pregnant!” sobre el caso real de Andrea Yates, quien, sufriendo una severa depresión post-parto, ahogó a sus cinco hijos. Ahora bien, muchas mujeres nunca han experimentado depresión post-parto y la mayoría de los hombres nunca lo harán. Aún así, todos nosotros, seamos hombres o mujeres, podemos llegar a la conclusión de que lo que hizo Yates, fuese cual fuese su estado mental en aquel momento, estuvo mal y que el infanticidio debería seguir siendo ilegal.

Mejor aún es la respuesta formulada por el hermano de Josh, Timothy Brahm, en su artículo Responding to the Astute Observation That I Am a Man, que transcribo a continuación (aunque recomiendo leer también el artículo original en inglés):

“Tienes toda la razón. Soy un hombre, y nunca me quedaré embarazado. Puedo intentar simpatizar con las mujeres que experimentan embarazos no deseados, pero nunca sabré realmente por lo que están pasando. Déjame hacerte una pregunta un poco rara.

Timothy Brahm hablando con unos estudiantes.
Imagina que voy a pescar al lago. Me lo estoy pasando genial pescando, y entonces la veo a ella (apunto a una de las voluntarias pro-vida) a unas veinte yardas. Me doy cuenta de que ella está empujando su coche hacia el lago. Bueno, eso es raro, ¿por qué habría de hacerlo? Entonces miro el asiento de atrás y me doy cuenta de que hay un niño de dos años en el coche.

Ahora, yo soy un hombre. Nunca he estado embarazado. Nunca he sido madre. Nunca sabré por lo que ella está pasando. Podríamos incluso cambiar el escenario haciendo que el niño sea un recién nacido y diciendo que ella tiene depresión post-parto, algo que como hombre jamás podré experimentar. Pero aunque no pueda entender por lo que está pasando, ¿no debería tratar de hacer algo para salvar al niño?

Yo tengo este extraño punto de vista. Puede sonar raro para ti, pero tengo buenos argumentos para él. Mi extraño punto de vista es que el embrión humano es, desde la fecundación, una persona humana tan valiosa como tú y como yo. Eso puede sonar loco, pero sígueme la corriente por un momento. Si tengo razón sobre este realmente extraño punto de vista, entonces parece que debería tratar de ayudar a esos embriones, igual que debería tratar de salvar al niño de ahogarse, a pesar de que en ninguno de los casos puedo entender verdaderamente por lo que ha pasado la mujer. Por eso creo que es tan importante averiguar si el embrión es una persona humana valiosa, como nosotros. ¿Qué crees tú?"

Como dice el propio Brahm, este experimento mental es directo y no controvertido, su prefacio reconoce la preocupación de la persona pro-elección de un modo respetuoso y al coincidir en que los hombres no pueden entender totalmente el embarazo clarifica el auténtico desacuerdo.

¿Podría el mito del “machismo pro-vida” estar detrás de este argumento?

Manifestante en una Marcha por la Vida:
"Soy una feminista, luchando por la igualdad
para los que están por nacer".
Cuando un hombre pro-vida se enfrenta al manido “no tienes útero, no opines” a menudo su primera reacción es recordarle a la otra persona que existen muchísimas mujeres que defienden su misma postura y retarla a rebatir sus argumentos en lugar de despreciarlo por su sexo. Sin embargo, esto no siempre funciona. Yo misma, siendo mujer, me he tenido que enfrentar a una sugerencia particularmente ofensiva: la de que la única explicación razonable para mi postura anti-aborto es que en realidad no estoy pensando por mí misma, que “el patriarcado” debe de haberme “lavado el cerebro”. Esto me ha llevado a pensar que el auténtico motivo por el que muchas personas se oponen a que los hombres opinen en contra del aborto es que asumen que estos hombres son, necesariamente, machistas, y que su postura pro-vida se cimienta exclusivamente en su deseo de limitar la libertad de las mujeres. Esta teoría explicaría por qué las opiniones masculinas favorables al aborto sí son bien recibidas por el movimiento pro-elección: esta postura no limita las opciones de las mujeres ante un embarazo no deseado, por tanto, no puede ser machista.

Ante esta situación, el único modo de garantizar que la conversación avance de un modo productivo es dejar claro que no soy una persona machista; que creo que hombres y mujeres tienen la misma dignidad, los mismos derechos y las mismas responsabilidades; que considero que la trata de mujeres, la ablación o el feminicidio son violaciones de los derechos humanos; que no necesito apoyar el aborto para considerarme feminista o para defender los derechos sexuales y reproductivos; y que si me opongo a que el aborto sea un derecho no es porque quiera fastidiar a las mujeres sino porque estoy convencida de que los no nacidos son seres humanos igual de dignos y valiosos que los que ya han nacido y de que sus derechos fundamentales merecen ser reconocidos y respetados.

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