jueves, 11 de agosto de 2016

¿Debería penalizarse a las mujeres por abortar?

Una vez vi un spot en el que se preguntaba a varias personas si estaban a favor o en contra del aborto. Todas decían estar en contra. Sin embargo, al preguntarles si apoyarían una ley que penalizase a las mujeres por abortar, ninguno de los encuestados sabía qué decir. Naturalmente se trataba de actores, pero el objetivo del anuncio era mostrar una realidad: que gran parte de las personas que se definen como pro-vida no están de acuerdo con que se envíe a la cárcel a las mujeres que abortan.

He visto a defensores del aborto acusar a los pro-vida de "odiar a las mujeres", de "querer encarcelarlas" por tomar decisiones que sólo les incumben a ellas; de que lo único que buscan es coartar su libertad. Sin embargo, cuando algún pro-vida se muestra reacio a penalizar a las madres que han abortado, frecuentemente es tachado de incoherente por los propios pro-aborto. 

Ahora bien, respecto a la cuestión de si las mujeres que abortan deberían ser penalizadas de algún modo, ¿por qué hay opiniones encontradas, incluso entre quienes defienden el derecho del no nacido a la vida? ¿En qué se fundamenta cada una de ellas?


A favor

El motivo por el que algunos pro-vida creen que se debería penalizar a todos los implicados en un aborto consentido, incluyendo a la madre de la criatura, es simple. Y no, no es que estén deseando "fastidiar" al sexo femenino, castigando por gusto a mujeres inocentes. Su postura se basa en la idea de que todo ser humano debe ser igual ante la ley. Según esta premisa, cualquier ser humano que prive a otro de su vida debe recibir el mismo castigo por ello, independientemente de la edad, ubicación o grado de dependencia de la víctima.


Mucha gente (pro-aborto incluidos) entiende que esta es la única postura coherente con una mentalidad pro-vida. ¿Cuál es, entonces, el motivo por el que tantos pro-vida (incluyéndome a mí), no crean que se deba penalizar a las mujeres que abortan? La respuesta, en este caso, es algo más complicada.

En contra

Si tuviese que explicar por qué estoy en contra de que se penalice a las mujeres que cometen abortos tendría que empezar hablando de la consideración que la sociedad actual tiene hacia el feto, y sobre todo, hacia el embrión humano. Hasta hace unas pocas décadas, la gente de a pie apenas tenía idea de qué ocurría dentro del vientre materno durante la gestación.  Para cuando llegaron las primeras ecografías, la Humanidad ya había aceptado, en su mayoría, que quitar la vida a un ser humano nacido era algo abominable. Dicha consideración, no obstante, no se había extendido al no nacido, especialmente durante los primeros meses del embarazo, en los que su existencia era casi imperceptible. En los últimos años, nuestros conocimientos sobre el desarrollo embrionario y fetal se han multiplicado. Sin embargo, el estatus moral del embrión humano no ha evolucionado a un ritmo acorde al conocimiento científico, de modo que, en la mayor parte del mundo, aún no se reconoce el derecho a la vida de un ser humano mientras no haya alcanzado una edad gestacional determinada (que varía entre unas pocas semanas después de la concepción y el momento del nacimiento). La falta de una conciencia social que acepte a los no nacidos como seres humanos con dignidad y derechos fundamentales iguales a los demás implica que muchas (por no decir la mayoría) de las mujeres que abortan lo hacen sin pensar que están acabando con una vida humana, algo que no ocurriría si se viesen en la tesitura de matar, por ejemplo, a un recién nacido. Esto nos lleva a la siguiente pregunta: ¿merece el mismo castigo una persona que mata a otra sabiendo lo que hace, que otra que comete el mismo crimen convencida de que está, no sé, sacándose una muela? A ello hay que sumarle el hecho de que, aún hoy, muchas de las mujeres que abortan se encuentran sometidas a diversas presiones (pareja, familia, miedo a perder o no encontrar empleo, falta de recursos económicos, etc.) que dificultan el ejercicio de la maternidad. Podemos suponer lo difíciles que deben ser las circunstancias de una mujer que opta por arriesgar su salud, e incluso su vida, abortando clandestinamente a su hijo en lugar de darlo a luz. Dicha reflexión nos lleva al principal motivo de mi oposición a la penalización de las mujeres: la importancia de combatir los estragos del aborto clandestino. 

Y es que, pese al efecto disuasorio que pueda tener el riesgo de penalización a la hora de cometer un delito, la experiencia demuestra que este nunca logra eliminarlo del todo. Tenemos multitud de leyes que prohíben acciones como matar, violar, etc. y sin embargo estos crímenes se siguen cometiendo. Teniendo en cuenta la predominancia de la mentalidad antes citada (que no considera al no nacido como un ser humano de pleno derecho), sumada a las presiones que pueden llevar a las mujeres a abortar, es de suponer que muchas de ellas seguirían recurriendo a esta práctica, a pesar de su prohibición. De estas, aquellas con menos recursos económicos podrían correr mayores riesgos al recurrir a abortos caseros o llevados a cabo en condiciones insalubres. La amenaza que suponen estas prácticas para la salud y la vida de estas mujeres es una de las herramientas más utilizadas por los pro-aborto para presionar emocionalmente a sus oponentes y convencerles de que, incluso siendo moralmente incorrecto, el aborto legal sería un mal necesario. Ahora bien, eliminando el miedo a las consecuencias penales garantizaríamos que las mujeres que abortasen pudiesen acudir sin miedo a un centro sanitario en caso de haber complicaciones, reduciendo así el riesgo de muerte y daños físicos graves. Además, esta medida permitiría a los profesionales de la salud recoger datos de forma anónima que sirviesen para analizar las causas que llevan a las mujeres a abortar y elaborar estrategias de prevención tanto a nivel local como nacional.



Alguien podría decir: "Entonces, si no vamos a penalizar a las mujeres, ¿qué sentido tiene prohibir el aborto?" Hay que tener en cuenta que la prohibición sería, ante todo, una consecuencia lógica del reconocimiento de los Derechos Humanos Pre-Natales. Además del efecto disuasorio de la ley, su objetivo principal sería el de respaldar legalmente la dignidad intrínseca del ser humano aún en las primeras etapas de su vida. Por otra parte, la presión para abortar y el riesgo para la propia salud no son aplicables a los abortistas, es decir, aquellos que practican abortos a otras mujeres, de ahí que incluso los pro-vida que se oponen a penalizar a la mujer que aborta, por empatía y compasión y para reducir al mínimo el número de vidas perdidas, no suelan tener reparos en enviar a la cárcel a aquellos que, a menudo con ánimo de lucro, no sólo quitan la vida a un ser humano inocente, sino que además ponen en peligro a su madre.


Pregunta: ¿Creéis que debería penalizarse a las mujeres por abortar? Me gustaría leer vuestras opiniones en los comentarios.


lunes, 18 de julio de 2016

Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto V: Los embriones no son seres vivos

Esta es una de las afirmaciones más chocantes que me encuentro cuando hablo con partidarios del aborto. Y no es que sea poco frecuente.


"Deberíais preocuparos más por los que ya están vivos, los embriones/fetos son conjuntos de células sin vida, etc.".

Sólo se me ocurren dos posibles explicaciones para que alguien diga que los embriones humanos no están vivos: o bien no sabe cuáles son las características que definen a los seres vivos (y que están presentes también en los embriones de cualquier especie) o bien define el inicio de la vida humana basándose en el criterio utilizado para determinar el estado de "muerte cerebral". Por si acaso, empezaré con un pequeño repaso sobre lo primero y después haré un análisis de lo segundo.


¿Cuáles son las características que definen a un ser vivo?

Aunque la vida en sí es un fenómeno físico-químico extremadamente complejo, existen una serie de características que todos (o casi todos) los seres vivos comparten. Estas son:

Organización y complejidad

Los seres vivos están formados por moléculas orgánicas (proteínas, lípidos, glúcidos, ADN/ARN) e inorgánicas (agua, sales minerales, gases) que se organizan formando estructuras complejas. Se considera a la célula como la mínima unidad de la vida, de modo que los seres vivos pueden estar formados por una sola célula (unicelulares) o por muchas células (pluricelulares) que a menudo se organizan formando tejidos y órganos especializados.

Los embriones y fetos humanos están formados por células.

Homeostasis

Los seres vivos tienen la capacidad de mantener las condiciones internas de su organismo relativamente constantes.

Respuesta a estímulos

Los organismos vivos son capaces de percibir y responder a estímulos tanto internos como externos.

El embrión humano se relaciona con su madre a nivel molecular, e incluso celular, desde el principio de la gestación.

Metabolismo

Los organismos obtienen átomos y moléculas del aire, agua, suelo o de otros seres vivos y los utilizan para llevar a cabo las reacciones químicas que permiten su crecimiento, conservación y reparación.

El embrión/feto obtiene los nutrientes y el oxígeno que necesita (y expulsa los desechos y el dióxido de carbono) a través de la placenta y el cordón umbilical que ponen en contacto su cuerpo con el de su madre.

Crecimiento y desarrollo

El crecimiento es el aumento del tamaño y/o del número de células que componen un organismo a través de la conversión de los materiales obtenidos del ambiente en moléculas específicas del mismo.

El embrión humano empieza a crecer desde el momento de su concepción y no deja de hacerlo hasta alcanzar la adultez.

Reproducción

Todos los seres vivos se caracterizan por ser capaces de reproducirse, es decir, de transmitir su material genético a la siguiente generación, en algún momento de sus vidas.

El ser humano adquiere la capacidad de reproducirse al alcanzar la pubertad.

Evolución

Aunque la estructura genética de un solo organismo prácticamente no cambia durante toda su vida, la composición genética de una especie como un todo cambia conforme pasan las generaciones.




Visto lo visto, queda claro que embriones y fetos humanos encajan perfectamente en la definición de “ser vivo”. Entonces, ¿cómo es posible que incluso algunos científicos nieguen que el embrión humano esté vivo? Pues como decía más arriba, generalmente la respuesta tiene que ver con el concepto clínico de “muerte cerebral”.


Desarrollo del sistema nervioso: Por qué el concepto de “muerte cerebral” no es aplicable al embrión humano.

El argumento vendría a ser el siguiente: "Si consideramos que el cese de la actividad cerebral señala el final de la vida, ¿por qué no concluir que el inicio de dicha actividad marca el principio de la misma?”.

Hay que decir, en honor a la verdad, que se trata de uno de los argumentos pro-aborto más sólidos e interesantes  que me he encontrado nunca. A diferencia de la mayoría, se basa en una realidad científica (el desarrollo del sistema nervioso) para establecer el comienzo de la vida humana en un momento distinto de la concepción.

El razonamiento funciona más o menos así:

A) Un ser humano adulto que no tiene actividad cerebral está muerto.

B) Un embrión humano no tiene actividad cerebral.

Conclusión: El embrión humano está muerto.

Parece lógico. Sin embargo, este razonamiento elude un factor esencial que caracteriza a la primera situación, pero que no está presente en la segunda, y que una vez tenido en cuenta, invalida la analogía: la irrevocabilidad.

¿Por qué se considera que una persona que carece de actividad cerebral está muerta? Porque esta situación es irreversible. Un ser humano que emitió ondas cerebrales en el pasado y dejó de hacerlo nunca podrá recuperarlas, ha perdido para siempre la capacidad de funcionar como un todo integrado, así como la facultad de elaborar pensamientos racionales que caracteriza a nuestra especie. Puesto que esta pérdida es irrevocable, la establecemos como sinónimo de “muerte”. Dicha circunstancia no se da en el embrión. Este no ha perdido la capacidad de generar ondas cerebrales (o de razonar), sino que aún no la ha desarrollado. La inactividad cerebral no es permanente en él, como lo es en el caso de la persona en muerte cerebral, ya que su organismo posee la capacidad de desarrollarse hasta adquirirla.

Ahora bien, consideramos que un humano adulto está legalmente muerto cuando no presenta actividad cerebral. ¿Por qué? Porque un organismo cuyo cerebro ha muerto es irrecuperable. ¿Y a qué se debe esto? Sencillamente a que un ser tan complejo como es el humano adulto necesita que su cerebro funcione para poder seguir realizando sus funciones vitales como un todo integrado. Esto no ocurre en organismos más simples, como las plantas o algunos invertebrados y tampoco en las primeras semanas de desarrollo de seres más complejos, como los humanos. Un embrión humano no necesita tener un cerebro para seguir respirando, alimentándose y desarrollándose. A medida que aumente su grado de desarrollo se irá volviendo más y más dependiente de su sistema nervioso central. Un humano que dependa de su cerebro para sobrevivir dejará automáticamente de crecer y realizar el resto de sus funciones vitales si este órgano muere, y empezará a descomponerse, a desorganizarse.  El organismo en estado de muerte cerebral ha perdido la capacidad de funcionar como un todo. El que se encuentra en estado embrionario, no. El estado inactivo del cerebro embrionario no es permanente; de hecho, si nada interrumpe su desarrollo, este continuará hasta que el individuo adquiera todas las facultades propias de la especie humana, incluidas la capacidad de sentir y razonar.
Si lo que hace que la ausencia de actividad cerebral se utilice para definir el estado de muerte es que es definitiva, porque dicho organismo depende de su cerebro para subsistir, no tiene sentido considerar que un organismo en el que este estado no lo es porque no depende (aún) de dicho órgano, está muerto.

La afirmación de que un embrión humano no está vivo mientras no manifiesta actividad cerebral asume que la vida DEBE empezar del mismo modo que acaba. ¿Pero por qué habría de hacerlo? Al fin y al cabo, somos el mismo ser humano, antes y después de que nuestro cerebro "se active". ¿No tendría más sentido suponer que nuestra vida empieza cuando nuestro cuerpo empieza a funcionar como un todo que al ser tan simple en sus inicios, no necesita un cerebro para coordinarse y acaba cuando deja de ser capaz de seguir funcionando como un todo, lo que, de ocurrir cuando el organismo es adulto, dada su complejidad en ese momento, sí requeriría un cerebro activo?

Véase también:

- Secular Pro-Life Perspectives: Consciousnes = Personhood?

- Pro-Life Humanists: A secular case against abortion


Pregunta: ¿Cómo responderíais vosotros a alguien que sitúa el inicio de la vida humana en el momento en que el cerebro se vuelve activo? Podéis dejar vuestras ideas en los comentarios.

sábado, 28 de mayo de 2016

Procedimientos abortivos explicados por el Dr. Anthony Levatino

El doctor Anthony Levatino es un médico gineco-obstetra estadounidense que llegó a practicar, en los primeros años de su carrera, hasta 1.200 abortos durante el primer y segundo semestre del embarazo. Reconvertido en pro-vida, hace unos meses decidió colaborar con Live Action en la realización de una serie de vídeos donde explica cómo se llevan a cabo los abortos según la edad gestacional, así como sus efectos sobre el cuerpo de las mujeres. Ahora esos vídeos han sido subtitulados al español por la organización Opciones Heroicas, de modo que he aprovechado para recogerlos en esta entrada, añadiendo imágenes reales de las distintas fases del desarrollo prenatal y aportando algunos datos sobre la situación legal y el número de abortos en España.

Eso sí, tengo que advertir que, aunque los procedimientos se explican por medio de animaciones, su visionado puede resultar impactante y herir la sensibilidad de algunas personas.


Aborto Químico durante el Primer Trimestre (RU-486)





Aborto Quirúrgico durante el Primer Trimestre: Succión D & C, Dilatación y Curetaje




Nota
:

- La legislación española actual permite el aborto libre dentro de las primeras 14 semanas del embarazo.*

- El 70,18% de los 94.796 abortos practicados en España durante el 2014 se llevaron a cabo dentro de las primeras 8 semanas de gestación.**

- En ese mismo año, se practicaron 18.200 abortos entre las 9-12 semanas de gestación.**


* Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la
interrupción voluntaria del embarazo.

** Datos oficiales del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad


Embriones humanos de 4-8 semanas:









Fuente: Carnegie Stages

Ecografía de un feto humano de 11 semanas:

Fuente: 11 sem from INATAL on Vimeo.



Aborto Quirúrgico en el Segundo Trimestre: Dilatación y Evacuación



Nota:

- En España se puede abortar legalmente hasta las 22 semanas de gestación en caso de que exista grave riesgo para la vida o la salud de la embarazada o riesgo de graves anomalías en el feto.*

- En 2014 fueron abortados en España 5.924 seres humanos de entre 13 - 16 semanas de gestación.**

- Otros 2.720 no nacidos fueron abortados cuando contaban con entre 17 - 20 semanas de gestación**

-Así mismo, 1.421 abortos fueron practicados cuando el feto contaba con  21 semanas o más de gestación. **

* Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la
interrupción voluntaria del embarazo.

** Datos oficiales del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad


Fetoscopia de un ser humano de 20 semanas de vida:

20.2 sem from INATAL on Vimeo.



Aborto Inducido en el Tercer Trimestre: Inyección y parto del bebé muerto 




Nota:

- La legislación española permite el aborto en cualquier momento del embarazo cuando se detecten anomalías fetales incompatibles con la vida o cuando el feto padezca una enfermedad extremadamente grave e incurable.

* Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la
interrupción voluntaria del embarazo.

Ecografía de un ser humano de 23 semanas de gestación:

23 4D sem from INATAL on Vimeo.

domingo, 21 de febrero de 2016

Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto IV: "Si no tienes útero, no opines"

Este es sin duda uno de los "argumentos" más frustrantes que un hombre pro-vida puede encontrarse cuando discute con personas que están a favor del aborto.


Como persona que cree firmemente en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, así como en el derecho a la libertad de expresión, me indigna que se pretenda restringir el derecho a opinar de otra persona en base a su sexo. En este caso, quien lo hace a menudo presupone que el aborto es una cuestión que sólo afecta a las mujeres y que un hombre, al no poder quedar embarazado, no debería tener derecho a opinar sobre la moralidad o la legalidad del aborto. Sin embargo, ¿es cierto que el aborto sólo afecta a las mujeres? Y si lo fuera, ¿sería eso un motivo razonable para negar a los demás su derecho a expresar su opinión?

El aborto no afecta sólo a las mujeres

En el artículo Respuestas Pro-Vida a argumentos Pro-Aborto: “Nadie te obliga a abortar” ya expliqué que el aborto afecta a los hombres de varias formas, siendo la peor de ellas el hecho de tener que ver cómo eliminan a sus hijos/hermanos/nietos/etc. y no poder hacer nada para evitarlo. Quizá un hombre no pueda experimentar un embarazo, un parto o un aborto de forma física pero sí a nivel emocional. Además, todo hombre (al igual que toda mujer) fue una vez un feto/embrión que pudo haber sido abortado.



Y aunque lo hiciese...

Deanna Young, en su artículo Should Men Shut Up About Abortion? deja muy claros los inconvenientes de esta línea de pensamiento. Para empezar, habría que tener en cuenta que muchas mujeres nunca han experimentado ni experimentarán jamás un embarazo no deseado (por ejemplo, por ser estériles) por lo que si echamos a los hombres del debate basándonos en que nunca podrán entender lo que siente una mujer en esta situación, estas mujeres también deberían quedar fuera de la ecuación.

En segundo lugar, habría que preguntarse si es cierto que el hecho de no tener conocimiento de primera mano de lo que otra persona está experimentando significa necesariamente que no se deberían poder hacer juicios morales sobre las acciones de esa persona. Ante esta cuestión, Young se remite al ejemplo utilizado por Josh Brahm en su artículo Dialogue Tip: Responding to “You’re a Man, You Can’t Get Pregnant!” sobre el caso real de Andrea Yates, quien, sufriendo una severa depresión post-parto, ahogó a sus cinco hijos. Ahora bien, muchas mujeres nunca han experimentado depresión post-parto y la mayoría de los hombres nunca lo harán. Aún así, todos nosotros, seamos hombres o mujeres, podemos llegar a la conclusión de que lo que hizo Yates, fuese cual fuese su estado mental en aquel momento, estuvo mal y que el infanticidio debería seguir siendo ilegal.

Mejor aún es la respuesta formulada por el hermano de Josh, Timothy Brahm, en su artículo Responding to the Astute Observation That I Am a Man, que transcribo a continuación (aunque recomiendo leer también el artículo original en inglés):

“Tienes toda la razón. Soy un hombre, y nunca me quedaré embarazado. Puedo intentar simpatizar con las mujeres que experimentan embarazos no deseados, pero nunca sabré realmente por lo que están pasando. Déjame hacerte una pregunta un poco rara.

Timothy Brahm hablando con unos estudiantes.
Imagina que voy a pescar al lago. Me lo estoy pasando genial pescando, y entonces la veo a ella (apunto a una de las voluntarias pro-vida) a unas veinte yardas. Me doy cuenta de que ella está empujando su coche hacia el lago. Bueno, eso es raro, ¿por qué habría de hacerlo? Entonces miro el asiento de atrás y me doy cuenta de que hay un niño de dos años en el coche.

Ahora, yo soy un hombre. Nunca he estado embarazado. Nunca he sido madre. Nunca sabré por lo que ella está pasando. Podríamos incluso cambiar el escenario haciendo que el niño sea un recién nacido y diciendo que ella tiene depresión post-parto, algo que como hombre jamás podré experimentar. Pero aunque no pueda entender por lo que está pasando, ¿no debería tratar de hacer algo para salvar al niño?

Yo tengo este extraño punto de vista. Puede sonar raro para ti, pero tengo buenos argumentos para él. Mi extraño punto de vista es que el embrión humano es, desde la fecundación, una persona humana tan valiosa como tú y como yo. Eso puede sonar loco, pero sígueme la corriente por un momento. Si tengo razón sobre este realmente extraño punto de vista, entonces parece que debería tratar de ayudar a esos embriones, igual que debería tratar de salvar al niño de ahogarse, a pesar de que en ninguno de los casos puedo entender verdaderamente por lo que ha pasado la mujer. Por eso creo que es tan importante averiguar si el embrión es una persona humana valiosa, como nosotros. ¿Qué crees tú?"

Como dice el propio Brahm, este experimento mental es directo y no controvertido, su prefacio reconoce la preocupación de la persona pro-elección de un modo respetuoso y al coincidir en que los hombres no pueden entender totalmente el embarazo clarifica el auténtico desacuerdo.

¿Podría el mito del “machismo pro-vida” estar detrás de este argumento?

Manifestante en una Marcha por la Vida:
"Soy una feminista, luchando por la igualdad
para los que están por nacer".
Cuando un hombre pro-vida se enfrenta al manido “no tienes útero, no opines” a menudo su primera reacción es recordarle a la otra persona que existen muchísimas mujeres que defienden su misma postura y retarla a rebatir sus argumentos en lugar de despreciarlo por su sexo. Sin embargo, esto no siempre funciona. Yo misma, siendo mujer, me he tenido que enfrentar a una sugerencia particularmente ofensiva: la de que la única explicación razonable para mi postura anti-aborto es que en realidad no estoy pensando por mí misma, que “el patriarcado” debe de haberme “lavado el cerebro”. Esto me ha llevado a pensar que el auténtico motivo por el que muchas personas se oponen a que los hombres opinen en contra del aborto es que asumen que estos hombres son, necesariamente, machistas, y que su postura pro-vida se cimienta exclusivamente en su deseo de limitar la libertad de las mujeres. Esta teoría explicaría por qué las opiniones masculinas favorables al aborto sí son bien recibidas por el movimiento pro-elección: esta postura no limita las opciones de las mujeres ante un embarazo no deseado, por tanto, no puede ser machista.

Ante esta situación, el único modo de garantizar que la conversación avance de un modo productivo es dejar claro que no soy una persona machista; que creo que hombres y mujeres tienen la misma dignidad, los mismos derechos y las mismas responsabilidades; que considero que la trata de mujeres, la ablación o el feminicidio son violaciones de los derechos humanos; que no necesito apoyar el aborto para considerarme feminista o para defender los derechos sexuales y reproductivos; y que si me opongo a que el aborto sea un derecho no es porque quiera fastidiar a las mujeres sino porque estoy convencida de que los no nacidos son seres humanos igual de dignos y valiosos que los que ya han nacido y de que sus derechos fundamentales merecen ser reconocidos y respetados.

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