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La falacia de Beethoven


Creo que todos hemos oído alguna vez la historia que Lejeune le contó a Monod para explicarle el drama humano que suponía el aborto:



Lejeune preguntó a Monod:



Ludwing Van Beethoven
- "De un padre sifilítico y una madre tuberculosa que tuvieron cuatro hijos, el primero nació ciego, el segundo murió al nacer, el tercero nació sordomudo, y el cuarto es tuberculoso; la madre queda embarazada de un quinto hijo. Ud. ¿qué haría?"



- "Yo interrumpiría ese embarazo", respondió con toda seguridad Monod.



A lo que su contrincante le contestó:

- "Tengamos un minuto de silencio, pues hubiera matado a Beethoven."





Desde entonces, como ocurre con las historias que se propagan por el boca a boca han surgido múltiples versiones. En realidad los padres de Beethoven tuvieron siete hijos, de los cuales Ludwing fue el segundo. El primero murió al poco de nacer y de los otros cinco sólo sobrevivieron dos. La madre murió de tuberculosis y el padre era un alcohólico que explotó el talento de su hijo, por lo que tampoco se puede decir que la infancia del genial músico fuese un lecho de rosas.



El caso es que este pequeño ejemplo llevó a muchas personas a pensar que Lejeune estaba dando por hecho que Beethoven había nacido con un piano debajo del brazo, lo que naturalmente no es cierto. Podría decirse que al pobre hombre el tiro le salió por la culata, pues bastó que surgiese esta errónea interpretación para que el argumento fuese rápidamente tachado de falacia.



Y es que, salvo que se crea en el destino, se supone que nadie nace predeterminado, con el futuro escrito. El hecho de que el embarazo de su buena madre hubiese sido interrumpido no habría privado al mundo de un genio de la música, simplemente porque el genio en ese momento aún no existía. Sólo nos hubiésemo visto privados de Beethoven. De ese ser minúsculo, apenas un cuerpecillo insignificante que palpitaba en el interior de otro más grande y más fuerte. Ése ser es el que nos habríamos perdido, porque ese ser ya existía, hubiese sido una presencia física innegable en el momento del hipotético aborto.



Y ese ser era Beethoven, el Beethoven humano, el que empezaba a formarse, el que era igual y a la vez distinto a cualquier otro embrión o feto. El genio vendría luego, cuando la criatura creciese hasta completar su formación, tanto física como intelectual. Podría no haber sido músico. Podría haber sido pastelero, banquero, vendedor o simplemente un holgazán. Pero seguiría siendo él, Ludwing van Beethoven. Un ser humano, una persona tan valiosa como cualquier otra, con el mismo potencial que cualquier otra. Eso es lo que quiso decir Lejeune: que el ser humano, si se le enseña si se le ayuda, puede alcanzar cualquier meta que se proponga, puede cambiar la historia del mundo. Pero primero, antes de hacer nada, ese ser debe vivir. Porque sin vida no hay acción, pero mientras hay vida hay esperanza.



Jerome Lejeune junto a un niño con
Síndrome de Down.
Para Lejeune cualquier ser humano tenía el "potencial" (grandiosa palabra, a veces inconscientemente desdeñada) de hacer grandes cosas. Por esa razón toda vida humana merecía la pena, no tanto por lo que ya era como por lo que tenía la facultad de llegar a ser. Es como cuando muere un niño. Todo el mundo se entristece y piensa "con toda la vida que tenía por delante". Esa futura vida aún no existe, y sin embargo no por ello deja de ser valiosa.



¿Y por qué eligió Lejeune a alguien como Beethoven para su historia? Evidentemente, el brillante genetista no estaba tan preocupado por el rigor histórico de su contenido como por el valor moral que perseguía transmitir. Podría decirse que lo escogió simplemente para causar un mayor impacto. El hecho es que, en las múltiples versiones de esta história, el embrión o feto abortado siempre resulta ser el de alguien que en la realidad ha destacado por sus buenas acciones para con la humanidad: Einstein, Wilde, Edison, Newton.... Si dejamos que la criatura complete su desarrollo, nunca nos encontraremos con una persona normal, con un trabajo aburrido, que a lo más sale los fines de semana con los amigos y que llega como puede a fin de mes. Esto también le ha valido muchas críticas a nuestro pequeño ejemplo ilustrativo, pues recordemos que nadie está predeterminado y que llegar con vida al día de tu nacimiento no asegura que te vayas a convertir en una figura.



Volvemos entonces a la que sería la intención original de Lejeune: demostrar que todos tenemos en nuestro interior la semilla del bien. Pero el caso es que también llevamos la semilla del mal. Hay un vídeo en el que se muestra una ecografía y se describe cuán desgraciada será la vida del niño cuando nazca. Después se nos dice que la ecografía es de Barack Obama. No tardó en surgir una réplica en forma de un vídeo idéntico en el que el feto corresponde a Osama Bin Laden.



Efectivamente, la mayoría de la gente ve a Obama como alguien "bueno" e interpreta como una gran pérdida el supuesto de que hubiese sido abortado. No ocurre lo mismo con Bin Laden, ni con Hitler, ni con Gadafi, ni con Mao..... En general, con los más grandes genocidas de nuestro tiempo. ¿Y por qué? Porque, teóricamente, de no haber nacido no habrían cometido todas estas barbaridades.



Pero esta premisa es falsa. El hecho de que naciesen no hizo de ellos unos monstruos, como tampoco hizo de Beethoven un genio. De haberlos abortado, no habríamos matado al dictador, habríamos matado a un embrión/feto inocente, a un ser humano. Quien está capacitado para hacer el bien, también lo está para hacer el mal. Todas estas personas, cuando aún se hallaban en el vientre materno, no eran otra cosa que ellos mismos. Y ellos mismos, en aquel momento, eran personas en desarrollo, con el mismo potencial que cualquier otro.



Y eso hace que sean valiosos. No solo lo que son, sino también lo que pueden llegar a ser. Dicen que no es lo mismo un bebé que un embrión. Pero sí es lo mismo. Es la misma criatura, más o menos desarrollada, pero la misma al fin y al cabo. Aunque cambie, su esencia permanece. Su identidad biológica no se altera.


Comentarios

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  2. Una disculpa, no era aquí el comentario

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